26 Agos 2008
Los humanos tendemos a buscar magia hasta en las cifras. Tal vez se deba a la necesidad de huir de la aplastante monotonía. El hecho es que no se cumplen cincuenta años todos los días y, tal vez por ello, quien llega a tal frontera se plantee lo adquirido en su pulular por su mundo durante medio siglo.
El personaje de Shakespeare decía ser o no ser, el que suscribe transforma el dilema en ¿se avinagraron los caldos o se adquirió bouquet? El tiempo ha transcurrido para valorar y probar la calidad de vida personal.
Apagar cincuenta luces de un soplo es mucho apagar, casi es mejor dejarlas encendidas por si se necesitan. Tiempos sorprendentes nos aguardan con sombras amenazantes a las que habrá que iluminar. Hasta la fecha, la existencia nos ha regalado sentido del humor, el gusto por la buena mesa, las mieles del amor, una vida intensa, un habitar la ciudad de la utopía entre las ideas posibles y las letras.
Desde el día en que renuncié a la plenitud ampulosa de la felicidad, para abrazarme a los brazos de la satisfacción, mi vida fluye armónica y satisfecha.
Ser desde lo más íntimo y profundo para asumir límites y usar la libertad en cada acto, en cada pensamiento y palabra, supone un esfuerzo que aporta una tensión y un cúmulo de emociones a los instantes transcurridos. Y es la vida emocional lo que a fin de cuentas vale para ser entre los demás y participarse. Soy lo que soy por todo lo que he sido y ha habido momentos para todo, para las miserias más despreciables y para las grandezas más sublimes.
Sembrar el gusto por la libertad y las artes en nuestros descendientes que generen respetos para compartir lo mejor de cada encuentro con cada ser, han sido, son y serán el objetivo primordial de mi cómplice y mío. Hasta la fecha parece que la vida fluye.
El veinticinco de agosto de 2008 fue un día muy satisfactorio a la vez que cotidiano.
El personaje de Shakespeare decía ser o no ser, el que suscribe transforma el dilema en ¿se avinagraron los caldos o se adquirió bouquet? El tiempo ha transcurrido para valorar y probar la calidad de vida personal.
Apagar cincuenta luces de un soplo es mucho apagar, casi es mejor dejarlas encendidas por si se necesitan. Tiempos sorprendentes nos aguardan con sombras amenazantes a las que habrá que iluminar. Hasta la fecha, la existencia nos ha regalado sentido del humor, el gusto por la buena mesa, las mieles del amor, una vida intensa, un habitar la ciudad de la utopía entre las ideas posibles y las letras.
Desde el día en que renuncié a la plenitud ampulosa de la felicidad, para abrazarme a los brazos de la satisfacción, mi vida fluye armónica y satisfecha.
Ser desde lo más íntimo y profundo para asumir límites y usar la libertad en cada acto, en cada pensamiento y palabra, supone un esfuerzo que aporta una tensión y un cúmulo de emociones a los instantes transcurridos. Y es la vida emocional lo que a fin de cuentas vale para ser entre los demás y participarse. Soy lo que soy por todo lo que he sido y ha habido momentos para todo, para las miserias más despreciables y para las grandezas más sublimes.
Sembrar el gusto por la libertad y las artes en nuestros descendientes que generen respetos para compartir lo mejor de cada encuentro con cada ser, han sido, son y serán el objetivo primordial de mi cómplice y mío. Hasta la fecha parece que la vida fluye.
El veinticinco de agosto de 2008 fue un día muy satisfactorio a la vez que cotidiano.
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